Gorro lapón

Ella tiene un gorro lapón y lo cuida con esmero. Parece que se lo mandaron a vuelta de correo envuelto en una bolsa de plastico duro. Me llama por teléfono para que vayamos a dar un paseo por ahí, seguro que bajamos las calles del alto de la ciudad con una panorámica de fondo color violeta, de meseta fría. Es en verdad un día helado a tal punto que las cañerías colapsaron, las plantas recibieron una paliza tal que sus hojas están yertas y moradas, el color del frio a veces es blanco y otras morado pienso. Tomo el colectivo es una esquina donde se formó un charco congelado, por debajo de la capa de hielo se ve un líquido marrón parecido al té con leche. En el mp3 el led de las pilas comenzó a titilar. Otra vez sin música en el bondi. Bajo en la parada cerca del hospital. Voy a la busca de los departamentos. Antes de llegar a su puerta recibo un sms, la sorprendo con tres timbrazos. Cuando ella abre la puerta veo su gorro lapón. Hay olor a tostadas y una taza humea en la mesa del living. Pido un café. Ella le pone tres cucharas de crema con mucha esencia de vainilla. No menciona en ningún momento al gorro. A mi me parece que los colores son apropiados. Veo su material y recuerdo una matra que mi abuela se colocaba en las piernas cuando tejía con agujas. Adentro de la mochila traje los libros que le había prometido. Todos tienen la tapa blanda y ninguno se distingue de otro por la pinta. Ignoro qué tiempo meterá para leerlos pero le aviso que dentro de un mes paso por ellos sin excusa. Mientras me paro delante de su biblioteca de caña y para ver algunos títulos tengo que correr algunas baratijas: duentes con cazo y algún que otro ser mágico hecho en porcelana fría pintados con esmaltes chillones, un reloj de sol con tapa, una canastita con tres monedas de colección, una imitación de papiro quemado. No me olvido del café pero cinco minutos son suficientes para se que enfríe. Hace tiempo que no puebo manteca una comezón por todo el cuerpo me invade ni bien mi lengua repasa la viscosidad. Ella se va a la pieza y vuelve con el abrigo puesto. Era como me lo había imaginado. De frente la barda y el viento gélido. Al llegar a una esquina vemos que una mujer tiene un gorro parecido al de Irene, dice, puede que lo haya comprado en el mismo sitio que yo? No metemos en un café

2 pensamientos en “Gorro lapón

  1. Mario

    Qué bien descrita esta pequeña historia; la escena en casa de ella tan clara. Me imaginé la expresión de él, cuando la miró con su gorro lapón puesto. Y también que ella quería que hiciera frío, mucho, para poder usar el abrigo que combinara con su gorro lapón… que a saber en dónde se lo compraron.

    Por cierto, me gustan los gorros y los abrigos porque me gusta el frío.
    Saludos

  2. Los días fríos me gustan, tampoco que me gusta cantarme de frío, sino caminar abrigado por la ciudad, obsevar los tono límpidos de la estación, el funcionamiento de los autos y colectivos, el estado de las calles, las ramas formando línes extrañas.
    Cuando era chico había una propagando de heladitos laponia eso me disparó este escena. buena- saludos Marichuy

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