El cerezo y el pájaro

El árbol de cerezo tiene un tronco todavía joven, calculo que unos 13 cm de diámetro o un poquito más. Resulta que hace tres veranos que se instala en el parque a su anchura y comodidad pero a la hora de los postres, literalmente, no da frutos y si alguna vez los dio no calculó que los pájaros también comen. De manera que me cansó porque a decir verdad es un árbol que quita fuerza e ímpetu a sus vecinos, imagínense, si los árboles compiten porque los hombres deberían ser comprensivos, racionales y bla bla. Tomada la decisión comprobé que no tenía herramienta alguna para llevar a cabo la misión.

Subo al entre piso de la casa. Un proyecto abandonado que retomaré con el tiempo. Dije, subí al entre piso y lo único que encontré para tirar el árbol abajo fue un cincel de grabado.Es bochornoso no tener herramientas. Decidido me fui hasta la ferretería del la esquina, a unas 10 cuadras de casa, y conseguí el asesoramiento de una señorita achinada de buenas formas que me recomendó uns sierrita de dientes molestos para cualquier ser vivo. Al finalizar la operación comercial la chica me preguntó si quería que envolviera la sierrita en una bolsa, le dije que si, ya que usualmente, sin nada en la mano, las mujeres se asustan cuando me ven en la calle imaginé que si me veían con una sierrita amarilla de hoja dientuda correrían en dirección opuesta llamando a la policía. El temor a ser asesinadas en la calle por un hombre de aspecto aindiado, es decir yo, a aumentado exponencialmente en la última década.

Recorro las calles a las cinco de la tarde. El sol del invierno es cálido y el cielo se presta para crear canciones tribales. Recorro, tal vez, seis cuadras más, para tomar aire y reconfortarme con el paisaje, el aire y la vida.

Llego a casa. Lo primero que intento es sacar de la sierra la hoja negra que viene sujeta a una más grande pero los tornillos philips son berretas, en un abrir y cerrar de ojos se desdibuja la cabeza. Con decisión encaro a lo que es el cerezo en sí, un tronco, tres ganchos medianos con sus respectivas ramas. Bajo sin dificultad los ganchos no pasa lo mismo con el tronco madre, tarde tres días a que este caiga por su propio peso no sin antes haberle propinado al tronco varias heridas letales que sin embargo no lo tumbaban. Cómo lo hice ? Compré un hacha de mano, mediana, con mango de goma que me sacaron dos ampollitas de agua en la palma de la mano derecha. Fue así: me arrodillé ante el tronco, me dije si trabajo con ahínco puedo socavar a la pálida corteza que se presentaba inofensiva y endeble. Pudo caer tras los cortes laterales de mi flamante herramienta.

Si hubo un trato con esta planta hay un pájaro que me pide explicaciones. Ni me puse manos a la obra con las ramas repleta de bifurcaciones un pajarito con jopo y pecho amarillo comenzño a increparme o por lo menos llamarme la atención ante su presencia ruidosa de piar enloquecido. Volaba de lado a lado, del techo de la parrilla a la medianera, volvía con vuelo razante al punto unicial, lanzaba un chillido y así, en un ritual que sólo los pájaros pueden trazar con verdadero poder comunicativo. Hoy por la tarde no estuvo presente. Estimo que sabía que su llamado de atención no dio resultado y la caída inminente del cerezo era ya un hecho. Adiós pajarito ecológico. Quize explicarle que la tala no era un capricho sino un reordenamiento de los seres vivos de mi jardín.

Me siento reconfortado a pesar de haber acabado con una vida.  Soy una suerte de exterminador.

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