no tiene final

mucho sabran disculpar estimados lectores que este relato titulado con principio y final no tenga ninguna de las dos cosas y eso, lo lamento, es una pena. Porque la vida no necesariamente es una secuencia de ficciones que se empalman como el celuloide de un film, al menos esa fue una concepción errada que tardé en advertir, con ayuda .

Con principio y final es un relato que quise escribir para exorcisar una mala experiencia. De lo contrario la hubiera guardado como se ocultan las fotografías de antiguas novias ( saquemos el plural) pero esa mañana me había dado por poner en el equipo de música el tema de amor de Blade runner y mi piel se había erizado como un montículo de limaduras de hierro.

ahora bien, qué relación hay entre Una excursión a los indios Ranqueles y mi novia Luisa, una lluvia pegando en el ventanal, la sombra de los veleros meciendose en el río y la desgracia de Castillo? No sé. Ya lo dije , la vida no es una suceción de empalmes que luego se proyectan ante un espectador iluso, y en caso contrario que esa serie se proyectara el especatdor sería maleficamente crítico de lo que estuviera viendo. sería adecuada la vestimenta de ella la primera vez que se alzó para besarte con presión tus labios, y el tequila barato, y la marcha pausada por la costanera mirando a los aficionados hacer tai chi como párvulos? tantas preguntas.

miro la pc encendida con la pantalla azulada, el cursor que titila, el viento que inflama la cortina, mis pies descalzos sobre el piso frío.

Entonces, para terminar con esta serie pésima de Con principio y final, considero hacer una aclaración que no me ponga como víctima de la usura de un ser despiadado y confuso, mi yo literario. Prefiero tirar mi armadura y correr a campo traviesa de la invención festiva. y hasta luego Castillo, el asesino que te cortó el cuello aquella tarde en el corral de chivos, ahora arma cigarrillos con Ombú en la carcel, los pibes del barrio juegan fútbol en el patio cerrado de la escuela y Luisa, Una escursión… y yo tomamos mates sentado en el pontón.

Un pensamiento en “no tiene final

  1. No cumplir con las promesas es parte esencial de la ética literaria. Más cuando su estilo consiste en una deriva permanente que lo lleva de un tema a otro, tan deliciosamente. Tiene algo de Robert Walser, lo suyo.
    Muy bueno el cuento, y excelente el final.
    Saludos!

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