CON PRINCIPIO Y FIN (c)

Si hay algo para contar que merezca tiempo y empeño es la sensación de vacío en el estómago que me produjo ver el cadáver de Castillo echado en la arena en una postura que sólo los muertos pueden tomar, poses de muñecos de trapo . El cuerpo estaba tirado a unos pocos metros de la puerta de entrada al faro, con el torso doblado en una pose imposible en relación a las piernas y las normas de la simetría. El cuello tenía  un tajo al que le habían aflorado bordes carnosos de un rosa pálido. Un camino de sangre que  salía de allí formaba  un charco que no había tenido demasiado recorrido en la arena sino que había reconcentrado una aureola oscura. El muerto estaba vestido con ropa de trabajo clara en la que podía verse manchas de sangre. No había que ser  perito para darse cuenta que la muerte había sido consecuencia del tajo en el cuello y que por la perdida de sangre había echo lo demás. Lo blando del terreno me privaba de comprobar si tal vez, en un intento de buscar ayuda, el hombre había recorrido un camino hasta la entrada del faro, sitio donde había caído para quedarse.

Castillo tendría, aproximadamente, cuarenta años, calvo, cara alargada y tez rojiza, consecuencia de su aficción al vino. Según supe después, era un changarín que vivía en un rancho en la periferia de Patagones. Trabajaba en varios lugares: restoranes, verdulerías, carnicerías, casi siempre hacía el mismo trabajo, acarreaba la basura en un carro destartalado hasta el volquete más próximo al local donde trabajaba.  Los empleadores temporarios declararon a la policía que Castillo era aficionado a la bebida. NI bien acababa su faena iba en busca del cartón de vino y se lo despachaba debajo de un olmo  que hay en la plaza del pueblo, sin molestar a nadie. Su fama de poliglota se había extendido entre los chicos del barrio que lo tomaban para la chacota. Eh Castillo cómo se dice Somos todos de Boca en inglés, y Castillo ponia las manos en jarra y lanzaba una frase de erres arrastradas particularmente parecido al inglés. Y eso mismo en francés? le pedían los pibes, y allí Castillo hundía las lengua hacia adentro y se preparaba para hacer gárgaras y comenzaba( han hecho la prueba?). Podía pasarse tardes enteras hablando en ruso, checo, zulu y otros idiomas. El resto del tiempo, según supe después, lo pasaba vagando por entre las lomas allende al ferrocarril, juntando cartones, botellas y revistas. En resumen, Castillo era un tipo inofensivo, carente de aspiraciones, y como muchas veces suele ocurrir la muerte llega pesada, soportando la carga de la maldad y el azar.

continúa…

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