TÍTULO TENTATIVO II

El relato que mandé a la revista lo tenía archivado en una carpeta negra con ganchos cromados. Tuve que tipearlo y corregirlo en la computadora de mi hermano. Es una historia boba que transcurre en una ciudad costera, un verano del 82, cuando noviaba con una chica del lugar y nos escapamos una noche en el que el viento tiró dos postes de luz y venció el estanque de la plaza.

Marianella, su nombre era ese, cargó en la bolsa de lona de marinero dos mudas de ropas y unas latas de conserva. También aportó algo de dinero que le había dado su hermana mayor y otro tanto robado a su madre. Por mi parte, cargué un pantalón, una campera, un cuaderno y la cartuchera de mi hermano menor. Fijamos el encuentro en el centro de la plaza. Nuestros padres nos daban libertad, así que hasta las tres de la madrugada no estaban alertados de nuestra fuga, momento en el que un conocido llamó al teléfono del tío de Marianella y le contó que nos había visto haciendo dedo en la ruta 3. A esa altura ya estábamos en un camión rumbo a Comodoro pero nos bajamos en Trelew. Comimos en una fonda cerca del mar. Todas los escarmientos de esa escapada las recreo en el relato que mandé a la revista y ahora, el editor y responsable de otorgar el OK para su publicación, se burla y recrimina mis fruslerías.

Marianella tuvo un acceso de asma esa primera noche. Controló su respiración con la experiencia del que sufre la enfermedad desde siempre. Nos cobijamos en un galpón cercano a un depósito de lana. Se olía podrido y a cuero curtido. Con la linternita en la boca alumbraba la hoja de mi cuaderno mientras escribía:

Jueves 12 de diciembre. Estamos en Trelew. Un camión nos trajo en la caja trasera junto con unos peones crotos y cansados. Bajamos en la entrada del pueblo e hicimos dedo hasta la costa. Buscamos un sitio para dormir. A las 6, Marianella tuvo una crisis de asma. No comimos del susto. Me duele la cabeza.

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El editor de El justiciero me mandó una esquela solicitando dirección de e-mail.

“Debería serle fiel a los sentimientos. No es imposible falsear las emociones. Siempre, por algún lado se nota. Confíe en mis consejos y reescriba ese relato.”

(Continúa)

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