Fransuá dejó el sangu
che de salame sobre la tabla de madera y se levantó del suelo, donde estaba echado al mejor estilo maja, se quitó las briznas de hierba de la chomba con un sonoro palmetazo en el abdomen y consultó con la vista a su compañero de viaje que masticaba en silencio. El tipo había respondido al pedido del “dedo”, ni bien vió a Fransuá, delgado y rubio como un estampa en la curva que llevaba al puente y que por lo tanto hacía que los autos aminoraran la marcha. La Saveiro se detuvo con dos bombazos de freno. Dejen las mochilas atrás y suban a la cabina habló el piloto. Los dos muchachos tiraron el peso del equipaje en la caja amplia y vacia de la camioneta y por acuerdo tácito subió Lepé primero y luego Fransuá que ya se temía un ataque sexual por obra de la casualidad y la costumbre luego de que el hijo de unos amigos de sus padres quizo chuparsela, desinhibido por el alcohol y la noche. Adentro de la cabina el olor a transpiración quemaba el tapizado. Hablaron de Pinochet, las autopistas chilenas, Kadaffi hasta llegar a una estación de servicio. Ingresar al baño costaba una moneda. Se asearon, lavaron el rostro y subieron nuevamente a la camioneta. El piloto era un tipo de unos treinta y cinco años, peinaba unos abundantes cabellos al mejor estilo Jackie Chan, los muchachos estaban seguros que dentro del bolsillo del pantalón de graffa caki llevaba un peine oscuro que utilizaba más de la cuenta. Es hora de ir a camer, los invito al mercado, Una buena comida venía al pelo. Estacionó la camioneta frente a un río sin agua, dos barcos se ladeaban en la arena. El local era un salón de tinglado alto y abombado. Se sentaron en una mesa frente al ventanal, comieron pescado, tomate, lechuga y pan embebido en aji, había potes de ají en todas las mesas junto a canastas de pan hechas con mimbre. Fransuá notó que el piloto llevaba un reloj vistoso sujeto a una malla de cuero negra que le marcaba la piel, los botones de la camisa se abrían, se ve que el piloto frecuentaba seguido el mercado. Invito un heladito vino pipeño para pasar la fritanga del pescado dijo el piloto. Lepé dejó un buen número de espinas en la punta de la fuente de loza, apuró el vino del cilindro de vidrio y fumó un cigarrillo.Es hora de irnos dijo el piloto, pagó con billetes parecidos a retazos de semanarios tabloides. Respetaron el lugar de los pasajeros en la camioneta. La autopista atravesaba bosques altos de alerce y pino. Por momentos vaharadas de perfume campestre entraba a la cabina. Por el efecto de la digestión, el piloto detuvo la Saveiro en la banquina, podríamos descansar. Saltaron un alambrado de púas para ubicarse a la sombra de un nogal, el suelo estaba cubierto de pasto amarillo como si la resolana lo hubiese quemado. Nadie duerme parado. Los muchachos había decido ubicarse en el piso, tumbados boca arriba, para mirar el cielo de otro país, oir los pájaros negro que volaban de árbol en árbol. El piloto apareció con una tabla de madera y unos pedazos de fiambre. Picaron algo. El viaje no había sido muy conversado para que el tipo se tomara la confianza de apoyar la cabeza en el abdome de Fransuá que al comienzo se hizo el boludo pero al tiempo, minutos, recordó al hijo de los amigos de su padre en cualquier momento se lanzaría a la faena. Pidió permiso y se alejó hasta el alambrado de púas.
El piloto
Enero 6, 2010Fracción
Octubre 29, 2009Intento mirar a través de la ventana como el viento arrastra las bolsas de nylon en la plaza mientras sigo tumbado en la cama con el volumen de cuentos en el pecho, la mirada puesta en una de las canaletas del machimbre, aureolas, humedad. No hubiera sido difícil haberme levantado, decorrido la cortina, echar un vistazo al paisaje real de la plaza azotada por el viento. Los árboles se conceden un poco de protección entre sí. Están los favorecidos, a salvo de las ráfagas que llegan frías desde el río, los constituidos de duro ramaje que soportan cualquier tipo de sacudimiento. Desde mi punto de vista, estoy en la cama, con el oído puesto en el sonido del viento, imagino el paisaje, rememoro la ocasión en la que crucé la plaza por la vía embaldosada, en diagonal, hasta el negocio iluminado por tubos fluorescentes, compré un trozo de queso y dos sanguches de miga que había debajo de una campana transparente. Pienso,¿ comí, compré los sanguchito de miga? Por momentos el viento sigue sacudiento todo lo que sea lámina metálica. Un soporte de hierro y unido a él, perpendicular a la pared, un cartel de Bonafide, que chilla porque el viento azota el rectángulo de chapa cuando fricciona los goznes. La calle gana en sonidos de estructuras: carteles, portones, puertas, rejas, mallas, chapadur, maderas, huecos silbadores. El oído reconoce entre todos los ruidos, aquellos producidos por objetos duros y blandos y va confeccionado un mapa del peligro, porque aún no imaginó el bamboléo de los cables, las cuerdas oscuras sumamente peligrosas con sus voltajes y chispas. No es bueno, mejor regresar a la lectura, al episodio de la casa, en un pueblo con río.
cangrejos
Octubre 25, 2009La calle vacía a la hora de la siesta con el sol encima, completo. La brea floja removida con un palo , enroscada como un confite de feria. Mi calle era así, con paños de cemento, no una cinta uniforme color gris, sino paños unidos por líneas oscuras de brea, para que el material trabaje, se acomode a la dilatación.
La plaza estaba embaldosada . Baldosas rectangulares con estrías. En la figura rectangular de la plaza se imprimía otro rectángulo pero éste estaba un nivel más arriba, el terreno plegado . Sobre esa elevación, canteros triangulares albergaban un césped de un verde mezquino.
A mi me interesaban los caminos de la plaza, las líneas rectas de 100 metros, los desniveles del terreno. Una vez iba tan concentrado observando las estrías de las baldosas coloradas cuando levanté la vista para ver en qué punto del trayecto estaba, choqué a una pollera gris . La mujer me miró con rostro de insulto.
Mi bicicleta era una poderosa Aurorita con asiento banana y manubrio como astas de toro, cada manopla tenía un mechón de cinta de plástico que tomaban vuelo con la velocidad. Dado la forma del manubrio no era una bicicleta en la que pudiera hacerse muchas maniobras suspicaces. Sino que su andar garantizaba el cuerpo erguido y una amplia visión del terrero. No recuerdo cual fue la razón por la que dejé de andar-la ni se cual fue su destino postrero.
Las tardes de verano eran irremediablemente fulminantes y la sola idea de darnos un chapuzón en el río nos hacía correr un frío por el espinazo. No sólo mi madre me advertía de la peligrosidad de este lado del río sino que teníamos resultados empíricos de la verdad de esa afirmación. Cuando se ahogó el hermano mayor de Boggio, un muchachón de 16 años , peludo y mujeriego (sus actos sexuales con las chicas del barrio eran observadas por nosotros y algún que otro curioso que tuviera acceso visual a un baldío cercano a un monumento histórico ) descubrimos que la muerte le hace frente a todo. Pancho, el ahogado, tenía varias novias. Las llevaba a una casita de madera que había en un baldío, sobre la parte baja de la barranca del río, ahí le levantaba el vestido a la chica de turno y se movía como loco adentro de ella, emitiendo bufidos mientras la chica, acodada en una repisita de piedra ponía caras, de dolor, desmayo, presión. Nosotros los espiábamos desde lo alto, ocultos tras u
nas espinos.
El carmen se recuesta sobre una barranca. Desde el pueblo del frente se pueden ver los techos de zinc y algunos de tejas que tachonan la loma. El río serpea y tiñe de verde la ribera.
La orilla opuesta al Carmen es un bajo. La orilla sur del río, mansa y con playas de arena, son el entretenimiento de los lugareños. En la opuesta murió Pancho. Encontraron su cadáver, atrapado entre unas rama de sauce, comido por los cangrejos. Estos bichos no perdonan nada.
Una peste
Octubre 12, 2009El muchacho tendido en una cama desecha sufre los síntomas de una peste que comenzó a propagarse el mismo día que la iglesia ardió en llamas. Los muertos se apilan por cientos en el centro de la plaza empedrada , los más empeñosos reunieron maderos y otros elementos combustibles para quemar a los cuerpos. La otra gente mira desde una distancia considerable, en contra el viento.
El día se presenta gris como las piedras que erigen el palacio municipal. El chico sufre en cama la hinchazón de los bubones en el pecho y la garganta. La madre dice que si bebe el caldito que ella preparó, con cebolla hervida y batata sin pelar, las bolas de pus reventaran hacia hacia “>hacia “>hacia “>afuera como un forúnculo. Morirá si la malicia se va hacia adentro. El chico ahora está delirando. La ventana, tapada con cartones y trapos, deja entrar el viento helado. La madre se las ha ingeniado para hacer fuego en una de las esquinas de la habitación. Las sábanas están sucias y mojadas por la humedad que despide el cuerpo afiebrado , la madre piensa: no pasa la noche. Tirando por la ventana a la calle se ahorraría andar con el cadáver a cuesta.
Los demás familiares han abandonado la casa. Cruzaron en bote hacia la otra orilla del lago. Dicen que allí el que tiene aspecto de enfermo es decapitado sin reparos. Por eso la ciudad aun mantiene una población de sospechados y samaritanos que vagabundean por las calle de piedra en busca de enfermos abandonados en algún rincón . Hace días que el aspecto de la ciudad es tétrico. El olor a muerto no se puede disimular ni con el viento que llega del lago y que a veces barre el caserío todo el día. La madre, ahora ocupada en limpiar las heridas superficiales que supuran un líquido espeso violaceo, desde esta mañana se ha observado en su cuerpo de mujer marchita unos pequeños granos colorados en la pelvis, durante gran parte de la mañana no dejó de rascarse. Cuando junta las manos de su hijo para calentarlas entre las suyas nota que las sangre atravesó su sayo grueso, manchas borratintas, como una expresión inofensiva. Pero no quiere mirarse la herida. Sabe que se encontrará con una llaga abierta y no le falta demasiado para estar delirando como lo hace su hijo.
Con la fiebre llegan las gotas ínfima de una lluvia que comienza a caer en la aldea.
episodio
Octubre 1, 2009me roban el celular que había dejado sobre la mesa cerca de la computadora, un aparato medio pelo alcatel con reproductor de mp3 y la posibilidad de portar archivos de un lugar a otro.
cuando advierto que el último usuario que entró a la biblioteca fue el autor material del robo bajo las escaleras a todo pitoto como si se hubiera declarado un incendio en el centro de la ciudad y hay que socorrer a niños y mujeres embarazadas.
toco la puerta, profesor: quiero hablar con fulano, dele nomás, mirá pibe, devolveme el celular, no vale un carajo, yo no le saque nada, no tengo necesidad de robarle a nadie,- ojos asustadizos-, vos fuieste el último en entró a la sala, dame el celular, no sirve para nada, yo le juro que no tengo nada, si quiere me revisa la mochila tengo dos celulares el mio y el de mi comparñera, no te reviso nada, dame el celular, le preguntó a fulano, él también fue para allá. eyy¡¡¡¡ fulano: dame el celular, qué celular, yo no tengo nada.
me voy pensando en la agenda, en los números, en las ondas de señal telefónica que surcan el espacio con miles de lineas repelotudas: che hoy vamos a lo de la mike a tocal la guitarra, boludeces por el estilo.
el otro pibe, fulano, ese fue. el año pasado lo encontramos tirado en la escalera gritando como un borracho pasado de pastillas, clonazepan, dos pibes con la estructura de un ofidio se arrastraban en las escaleras de la entrada a la biblioteca.
a la tarde me llama mi hermana, estas bien, me llamaron por telefono con una voz extraña como de drogado,
entonces es el pibe de la escalera, salio de la escuela y con sus amigos desesperados de la vida, sin padres, ni nadie cerca para decirles ehhhhhhmierda no ves que te estás matando….. no vez que tenes 14 años mierda.
el pibe, el celular, la vida de mierda.
doy mi paseo habitual por las aulas reclamando ejemplares, entonces veo a fulano, con la mitad del cuerpo afuera de la ventana del aula, mirando hacia el patio exterior, el pelo colorado, las baldosa coloradas, el pulever de melina colorado, la profe de geografía lleva un maletin, mapa mudo de américa.
cerca del mástil el sol ovilla a uno grupo de chicas que rodean a una que toca una viola colorada, cuerdas de acera, sonido de rock progresivo, eeehh cómo anda?
todo bien…
La maestra
Septiembre 26, 2009
La mujer que toca el piano además es maestra. Tiene una casa en un barrio muy arbolado y húmedo. Mantener a raya a los líquenes le absorbe tiempo, espacio que a ella le hubiera gustado utilizar estudiando la partitura del himno nacional para tocar el día de la bandera. Yo conozco su casa. Estacioné el coche debajo de un olmo bola cargado de bichos canastos y zorzales que me cagaron todo el techo y el parabrisas del auto. La puerta de estrada estaba descascarada y la ventana tenía las persianas bajas. Llamé con los nudillo a la puerta. Tardó en atender. El desorden no me asustó, libros y manuales por doquier invadían escalones, l sofá, alfombra, ni hablar de la mesa. El único mueble que no sufría una invasión era su piano alemán. La tapa estaba abierta y sobre las teclas, un paño color vaticano se posaba ( ¿existe ese color?) El piano tenía una partitura abierta, la miopía me juega en contra cuando quiero ser sagaz. La mujer que toca el piano es compañera de trabajo, compartimos dos cursos.Ella da dos materias y yo las restantes, hablo de las materias básicas en la escuela primaria. Mi presencia en su casa se debía a cuestiones administrativas y pedagógicas. Su expresión y postura corporal manifestaban cierta contrariedad por mi presencia. Dudé de ella. Dije:¿ era hoy o mañana? y consulté una agenda que llevaba en el bolsillo del gabán. Siguió sin entender. Miré hacia atrás en claro gesto de encarar hacia la puerta pero ella dijo, claro, lo olvidé totalmente. Se acomodó los anteojos, se hizo a un lado y me ubiqué en el centro de la habitación: entre el tv, el piano, una escalera con escalones de madera y un sofá. Al fondo se veía, iluminada por una lámpara que pendía del techo por una cadena, una pila de papeles . Preparo mate dijo y desapareció tras una puerta batiente. Por debajo de las hojas podía ver sus soquetes rosados embutidos en chancletas. Me senté a la mesa. Ella sacó algunas cosas que había sobre la mesa. Cuando volvió a aparecer tras la puerta batiente llevaba un cigarrillo en la maño derecha y comenzó a hablar sobre el trabajo No veía la hora que se sentara en la butaca frente al piano a tocar. No hicimos nada de la escuela. Tampoco tomamos mate. Me cebó uno sólo y todo el tiempo habló ella con el mate en la mano. Dijo: ahora voy a tocar. No era el himno. Parecía una pieza española o un vals o las dos cosas juntas. Era una pieza larga que la llevaba a recorrer con sus dedos todo el teclado, de este a oeste, pedaleando en la rueca de sonidos. Al tocar, a veces, llevaba el cuerpo hacia adelante y balanceaba los hombros, otras se retiraba del piano, y la música parecía venir de un lugar alejado, del living de la casa de al lado. No era la primera vez que veía a alguien tocar el piano. Como maestro, tuve oportunidades de escuchar a los profesores de música tocar la marcha de San Lorenzo o la aurora, mi pieza favorita, pero nunca había visto a alguien tocar el piano con histrionismo como mi compañera de trabajo. Terminó la pieza, cerró la tapa del piano, encendió un cigarrillo y detrás del humo exhalado me preguntó: y…¿ qué tal estuve?, me tardé en contestar, miré el tapiz maya que colgaba de una de las paredes y le contesté: mi oído es un muñón, para mi estuvo bueno. La mujer siguió pitando, se mantuvo inexpresiva. Podes irte cuando quieras, me hablós sin mirarme. Cuando salí afuera los arboles tapaban las luces de los faroles.
Trabajo de jardín
Septiembre 14, 2009Emilia está en el jardín recogiendo los caracoles que una vez trajimos en dos baldes de plástico: amarillo y rojo, y que abandonamos para cuando sea la ocasión. Emilia de panza en el suelo hace una clasificación según forma, textura y color de las piedras, hojas de césped y conchitas de mar. Mientras tanto Biber no ha dejado de podar una parra, pasó luego al cuerpo del abedul, la pinza podadora está para 20 plantas más. El jardín nos quedó chico pero antes no, antes era grande y estaba despoblado. Costó que el césped hiciera pie, carratilladas de tierra gorda y varios paquetes de festuca. Sembramos como quien no quiere la cosa, las plantas se dieron igual, pero raleado. esperamos hasta el otro final de invierno, porque el verano de la patagonia aruinó el césped tiernito, lo convirtió es un bigote amarillo sin fuerza. Llegó otra vez el invierno al patio y pobló de hongos y líquenes las paredes; donde quedó una espora, a la espera de las condiciones materiales de existencia, nació un sombrerito breve que dura el tiempo de un orgasmo para luego quedar mustio y decaído. Alguien me dijo que para que salga el pasto sólo era necesario una capa de tierra “buena”, por qué no pensar que esa persona me contó una mentira, pero que dio resultado. Lo que significó que, desde el momento de la siembra hasta la mañana en la que la semilla reventó ( sin ni espacio para reventar tenía), la vida pasaba , mi hijo Tomás aprendía la tabla del 9, mariano tocaba el toc-toc en la clase de música con la seño Alejandra, Emilia señalaba las cosas y le ponía nombres y biber, qué no hacía Biber cuando nacían las plantas. Ahora las veo a las dos , hablando de los bichitos que hay debajo de las piedras, flores rosadas del duraznero sangrón y la disposición decorativa de los caracoles del océano destinados a permanecer en un cantero, en medio de la estepa patagónica.
ensayo1
Agosto 15, 2009
qué tiene que ver la foto con el texto
A Luisa le gusta la musica folk, cada vez que voy a visitarla coloca un vinilo en la bandeja y desde los parlantes Sony, de 70cm de alto, los matices de la música pueblan su depto. No sé inglés, tampoco en qué momento voy a decidirme a aprenderlo, por lo pronto cazo de la pista, alguna que otra palabra, por ejemplo: morning, myself, cup, drink, etc, hecho que me hace sentir todo un autodidacta. De chico aprendí que Laura se pronuncia Lora y between significa ” entre”.
Luisa coloca el disco y lo veo girar en la bandeja, enciendo un cigarrillo y contemplo desde un cuarto piso los jardines cuidados del barrio de departamentos. Cierro los ojos para describir la escena : la melodía es suave, estoy seguro que Luisa ha tomado la postura de la chica ingenua que ladea la cabeza y se balancea al compás de la música pero es ingrata con mi imaginación, ahora da trompos de un lado a otro y los jean no son como los de Lee Ann pero reconforta mi espíritu. De momento deja su interpretación, va a la cocina y pone la pava al fuego, saca la yerba del mate y coloca tres cucharas de yerba , una sacudida para que el polvo no tape la bombilla. Cuando chilla la pava el agua está a punto. Me ceba el primero y que me importa lo que dicen del primer mate, en Rayuela el tabaco y la yerba eran infaltables y la maga sacudía la yerba vieja sobre papeles de diario y los gauloises de Oliveira siempre estaban húmedos.
Me parece que Luisa exagera con sus opiniones sobre la cantante Lee Ann Womack. Si les contara la verdad sobre la sapiencia de Luisa con respecto a las cantantes folk creerían que estoy fabulando, aunque dicho de sopetón, rápido y sin lugar a brechas especulativas de parte del interlocutor, podría decirles que todo los conocimientos que posee de las bandas y cantantes del país de norte se los debe a una revista que lee en la peluquería . De mi parte me siento calificado para seguirle la conversación ya que recopilé, por decirlo de algún modo, información de la tv y alguna que otra película ambientada en el sur de eeuu. Recuerdo una en la que dos personajes negros escapan en una camioneta, luego de una fechoría, uno de ellos pone la radio y suena un tema folk, y el otro le dice la música folk es anti-afro.
Luisa me cuenta que está escribiendo un artículo sobre las influencias del folk en la música de los 60, obviamente Bob Dylan y sus letras de puta madre han descolocado a medio mundo, y habla con conocimiento de causa. De abajo del sofá saca un pocket que contiene la traducción de las letras de Dylan. Yo conocía un libro de tapa dura, aparentemente caro, con fotos y letras en castellano .
Todo este flirteo con el artículo y la música es una excusa para mirar de cerca a Luisa. Me siento extravagante, hablando de estos asuntos, confiando mi tiempo a la escucha de discos, pavoneándome en este ritual del cortejo. y en mi vida qué hay? una hilera de álamos hasta la entrada de la casa, un gato con los colores de Cipolletti lo que le valió el mote de gata cipolleña, un sillón, varios libros y la luz de la mañana ( también la tarde ) ideal para leer, una manojo de llaves que abren la biblioteca del barrio. Nada de mi universo es más especial que el depto de Luisa.
El orzuelo
Agosto 2, 2009
www.ffffound.com
Se llama orzuelo a un granito en el ojo. El párpado se inflama provocando la característica hinchazón del ojo que parece haber sido castigado por otro medios pero simplemente fue el propio cuerpo quien atendió la zona. Tener un orzuelo puede llevar unos días, para mi cuenta personal, cinco días, desde que asoma como un picor hasta que desaparece la herida. En el medio ocurre lo peor: la punta blanca de la erupción, la molestia constante, el frotamiento de la zona afectada con un anillo de oro, las esporádicas lagañas que asoman al despertar.
El cuerpo es una máquina de mensajes. Lo he comprobado esta semana. El jueves me desperté con una molestia en el párpado superior del ojo derecho, un tanto inclinado hacia la zona opuesta al lagrimal. La sensación es la de tener una basurita en el ojo, intento quitarme lo extraño a través del restregado del ojo con el puño cerrado, por supuesto que el resultado es opuesto, el ojo no hace más que enrojecer, la picazón aumenta y los nervios se crispan. Una buena receta para estos males menores es frotarse el ojo con té frío. Hago la aclaración. Ninguna sabe hasta qué punto puede llegar la ignorancia de una persona. Alguien me contó una historia trética. Yo vi a un muchacho ciego del brazo de una mujer que bien podría ser su madre. Sabés por qué está ciego esa chico, me dijo la señora que estaba conmigo. Nació asi, contesté. Son pocas las personas que pierden la visión de adultos. No, no fue así. Ocurrió que el chico tuvo conjuntivitis. Se levantaba con los ojos sellados de lagañas. Entonces una amiga de la madre del chico le dió un consejo: Lavale los ojos con agua hervida. La madre no distinguía entre hervida e hirviendo, le quemó los ojos.Al respecto digo también, porque lo leí o lo pasan en tv, varias chicas parieron criaturas sin saber que lo estaban haciendo y dejaron a los bebes tirados en el pozo. Esta bárbaridad es menos creíble, el cordón umbilical no sólo es la conexión mientras el feto está dentro de la panza sino que es un obstáculo físico para que su madre se lo quite fácilmente.
El orzuelo del ojo derecho se convirtió en un grano propiamente dicho adentro de la zona interior del párpado. La zona roja. Mi suegro aduce que las erupciones cutáneas son síntomas de debilidad. Miro su rostro, no tiene granos, recuerdo que hoy al levantarme tenía dos puntos blancos henchidos y las cicatrices, ahora, están cubiertas de polvo curativo. Es evidente que mi suegro me ataca y yo le doy pie. Lo cierto es que vivo con su hija desde hace 13 años, y hacemos lo que hacen todos los matrimonios. Pero resulta que cuando investigo sobre el origen de los orzuelos la debilidad está en primer orden. Me preguntó si no fue mi suegro el que escribió el artículo, en su notebook, inclinado sobre la mesa ratona, robandole la señal wi-fi al vecino.
Hay semanas que me da por pensar en la piel. Porque el orzuelo es un asunto de piel. Una compañera dice que no somos lo que somos en el aspecto físico sino cargas electricas, nuestra apariencia física es una ilusión. Es un dilema entre el tópico bella y bestia de Disney y Fiona y Shrek. Lo que sea, mi piel no está siendo tratada como se debe. Es suceptible a los cambios cotidianos, la mayonesa, el picante y el alcohol. La vez que mi piel está limpia es cuando caigo enfermo por una semana y mi estómago solo recibe sopita y puerros. Las doctrinas new age que se nutren de adeptos a través de soluciones a la belleza del cuerpo profieren este tipo de argumentaciones, somos energía, hacemos lo que queremos, etc. Los chinos son más creibles. Ellos punzando con agujas liberan conductos energéticos pero no mienten descaradamente aunque tengo mis dudas con el fenshui.
Cosas de biblioteca
Julio 17, 2009
Mi cuaderno Rivadavia aún no llegó a la mitad del territorio que lo acerca hacia el final. Eso es preocupante. Años anteriores utilizaba dos cuadernos por año. De igual manera sigo leyendo y escribiendo en diferentes formatos que luego parecen desaparecer a la hora de querer editar algo. Si leo lo que escribí ayer en el cuaderno lo borraría pero una vez que la tinta se alojó en el papel la solución es drástica o se quita la hoja o se borra con liqui paper, no sé que es mejor, si el remedio o la enfermedad. Además los diez cuadernos Rivadavia que llevo escrito están compuesto de eso, nadería cotidianas, resaltadores de frases que no transcribo pero comento. Si hay algo digno de nombrar en el cuaderno de apuntes es la lapicera con la que escribo. Una Parker de poca monta que acabó rompiéndose el plástico que oculta al cartucho. Tuve que utilizar cinta adhesiva ancha para que no se caiga pero aún así la punta de metal cae hacia adelante y realiza manchones en la hoja. No importa, lo espontáneo es bien recibido en mi cuaderno de apuntes. ¿ no será hora de comprarme una Parker que valga la pena? El alimento de mis escritos breves del cuaderno se los debo a los libros. El alimento son los libros. Mis visitas a la biblioteca pública son semanales. Conozco a todas las bibliotecarias y bibliotecario. Además hay un muchacho rengo que es una especie de sereno o guarda de los libros en horas en que la biblioteca está cerrada al público en general pero no para los que pretenden robarse las computadoras, por ejemplo. También hace otras tareas, recorta folletos, se siente en una de las bancas de entrada para observar que los usuarios no se roben nada. Sigo, mi proceder últimamente se ha estancado en observar las novedades que colocan en el exhibidor o recorrer los anaqueles del sector novela que está en un subsuelo. Una escalera de madera te trasnporta hacia las catacumbas de los libros, una sala iluminada por tubos fluorescentes y piso de goma tan adherente que a cada paso chirría, es un sonido incómodo para quien está leyendo, no me extrañaría que en una jornada cualquiera un usuario se abalence sobre mi para quitarme el sonido de encima. En declaraciones a la policía el lector asesino confesaría: fueron sus zapatos de suela de goma. He observado otra dificultad a la hora de elgir libros en esa sala. A mi nunca me ha pasado pero he visto y es muy incómodo, sobre todo para la chica que busca libros en los estantes de abajo, casi al ras del piso. Acuclillarse con la mente puesta en dos acciones: elegir una buena novela y sostener el tiro bajo del pantalón, impedir que no se vea el algodón de la bombacha o el surco extravagante del inicio del culo, obviamente, una muchacha que concurre a la biblioteca no es lo que se dice una acérrima provocadora que gatea por el piso de goma en busca de la novela de Saúl Bellow o Alicia Gambaro, tan abajo están los pobres¡¡¡¡¡¡ Imaginen ustedes bloggers, leyendo detrás de Historia universal de la literatura y el arte, embutidos en la silla, tan adentro que ni un forcep los quitaría y de pronto, una visión, (qué alejados de las visiones estamos los racionalistas) una muchacha: camisa, jeans y botas, que se precia a moverse tenuemente agitando la cabellera. No, no es otro de los videos baratos de Billy Idol es la sobredosis de cafeína, mate y algún otro elemento curioso que un amigo metió en el termo. Curiosamente la ilustración de la derecha se parece bastante al subsuelo de novelas de la biblioteca pública. Otras veces el sector está cerrado y para ello cuelgan una cadenadita con un cartel de madera que dice CERRADO. Ya lo dije, mis visitas a la biblioteca pública de la calle Mengelle, junto frente a la rotanda donde se erige la estatua del ingeniero que diseñó los canales de riego de la zona para que florezcan manzanas como espárragos a la orilla del río, son semanales. Casi siempre eligo cinco libros, por ejemplo: Novela con final en Patagonia, El enigma de París, En contra del destino, El pasado y La señora Dallaway. A todos las novelas les leo las primera cinco páginas, la que me engancha primero es el libro elegido. Otras veces no leo nada y los cinco libros duermen sobre la mesa del estudio.
Escrito por mhario