ORLANDO Y LAS PALMERAS SALVAJES

El grupo de pachanga “Orlando y las palmeras salvajes” hacía furor en la costa el verano que compré el auto rojo. En la entrada de la tropicana, moteada de foquitos de colores que alternaban, destacaba el nombre del conjunto musical : Orlando y las palmeras salvajes, titilaba entre la columna de humo que pitaban los carritos de garrapiñada, manzana acaramelada y copos de azúcar rosado. Un payaso repartía volantes en monociclo, para atrás para adelante, los pantalones cortina y unos zapatones de croto. Baile al son de Orlando y sus canciones. Entrada con consumisión. El afiche del conjunto mostraba a las palmeras salvajes con sus instrumentos, todos llevaban pipas y pantalones de montar con botas hasta la rodilla. El líder, Orlando, era un muchacho ataviado de mozalbete. Nada de camisa hawaiana ni sombreros panamá. Supuse que su hit sería Una rosa para Emilia o por la geografía del lugar, Las olas, pero este último era similar a la canción de Donald si no fuera que le faltaba una palabra y la conjunción.
Caminé por la peatonal con las manos en el bolsillo. Soplaba una brisa fresca , tuve que levantarme el cuello de la campera. Entré a un bar y pedí una cerveza. En la mesa de al lado estaban ellos, Orlando y …, muy animados, desde ya. Estaban vestido para el show, reconcí a su líder, tenía brilantilla en el pelo, de una de las puntas de la silla un gran sombrero emplumado asomaba. Los palmeras o salvajes, como uno desee llamarlos, tenían las botas impecables y de sus pantalones de montar emaba buena calidad. Mi mesa tenía una pata coja casi desparramo la cerveza por el suelo, ¡epa compañero¡ dijo uno de ellos y lanzaron la carcajada. Una nena de una mesa vecina sacaba fotos y cegaba con el flash. Todavía no había terminado la cerveza cuando el mozo se acercó al grupo, habló en voz queda con ellos, luego se perdió tras un biombo del que apareció con una guitarra acústica y luego trajo dos guitarras más. Afinaron cuerdas y se largaron a cantar baladas de los Beatles, cantaron Nikita de Elton John en una extraña versión unplegged y un tema de Stone temple pilots para finiquitar. Digo bien: con el espontáneo show se pagaron las cervezas que no paraban de aterrizar junto con los platos de rabas, potes de pulpito y mejillones.
Yo tomé dos cervezas que me cayeron para la mona. Pero me quedé y aplaudí cada interpretación . La gente comenzó a levantarse de sus mesas para saludar y sacarse fotos con los desconocidos cantantes. Un par de chicas escribieron sus números telefónicos en servilletas y enfilaron tras una puerta batiente que se perdía en un pasillo mal iluminado.
Me fui en medio de un alboroto. Un muchachón golpeó al mozalbete y éste le partió la guitarra por la cabeza. Una estocada hubiera estado a la altura de las circunstancias. Era de esperar, qué estrella no se va sin provocar un breve disturbio. A buen entendedor pocas palabras era el refrán perfecto para los palmeras que se desempeñaron con ahínco en la trifulca. La policía intervino y se llevó al calabozo a los perdedores de siempre.
Caminé las diez cuadras hasta la calle de mi casa. Esa noche soñé con una casa en la playa que no tenía calefacción.Imagen

El cuaderno de lectura

 Hace tiempo que no escribe en el cuaderno. Un cuaderno sólido al testeo, las tapas de cartón firmes,  al tacto de las yemas las hojas transmiten seguridad de mil fibras hilvanadas con la prensa. La hoja al tacto de las yemas. La fibra de la hoja  yergue. La tonalidad clara. No es blanca es mate.

El cuaderno tiene la mitad, un poco más, de las hojas escritas con una pluma. Al escribir se escucha el raspado de la hoja. Como un serrar en miniatura que pone en alerta a todos los sonidos que las cosas emiten. Los metales al transmitir calor, la madera que se mueve, el calzado, el fluido de los liquidos de la heladera que pasan por los delgados tubitos de refrigeración, la respiración del perro echado junto a las patas de la mesa. Un colchón flotante de grave pero casi imperceptible sonar de la llama encendida en los calefactores.

Ahora lee. No escribe. Porque escribir le demanda una energía que hoy no posee. En cambio leer… si, leer lo lleva más lejos, lo carga, le da una vida nueva. Sin embargo terminó de leer una gran historia, de muchas páginas y es dificil quitarse el remanente, el héroe de la historia anterior sigue en pie e irrumpe a cada instante. El nuevo libro comienza a tener muchos defectos . Por empezar la letra no es clara. Se necesita un poco más de luz que la habitual para hacer foco en la debilidad de los caracteres impresos. La nueva trama es sosa. Su narrador parece balbucear. El estilo es indiferente. Probemos con otro libro. Nuestro lector ocasional que suele escribir en el cuaderno tiene una biblioteca. La mayoría de los libros que descansan alli no fueron leídos, eso si que es milagro. Mira en un rincón oscuro de su estantería. Apiñados y asuteros los libro que leyó y estos, los más, grueso, fino, anchos, altos, no, no ha leído. Es una bendición.

Post tardío sobre Ray B.

A mi Ray, la verdad, nunca me volvió loco aunque creo que leí, en un Minotauro,  El vino del estío,  pero ahora ya no recuerdo nada,  como me pasó y pasará con otros tantos libros. Si recuerdo la tapa  amarilla con una ilustración en la que el color que sobresalía era el rojo. Miento: también leí Fahrenheit,  nunca pude chantar el número ( 451 ) . De ese si me acuerdo, la quema de libros y su parentesco con Un mundo feliz y 1984. Mucho después  alguien me diría que ese tipo de trama-historia se llama distopía.  Crónicas marcianas es otro de los libros pendientes que tengo. Lo leo, lo doy vuelta, lo vuelvo a dejar. Tiene un prólogo de Borges y eso debería ser un portal enorme pero arrugo. Pendiente.  Hay un tiempo predeterminado que señala: SI NO LO LEES AHORA ES POSIBLE QUE NUNCA LO HAGAS.( pregunta )

Un amigo me invita a tomar unas cervezas y mirar a Racing por tv. Al rato se pone a leer un fragmento de un cuento de Ray, para mi estaba escabiado. Entonces advierto que el libro es un Minotauro amarillo, lo compró en una casa de usado de ciudad vieja, Montevideo, a él también le gusta Ray. Se pasó el fin de semana leyendo, con su hermana de 44,  todos los relatos en voz alta. Es un fana, dice. Esa palabra digo yo.

Biber revisa la biblioteca del racinguista. Tomi rasguea la viola española de un color imposible. Desde la habitación del primer piso se ve la calle vacia teñida de la luz roja de mercurio ( no sé cuál es el material ) Racing empató. Me queda la sensación de que me estoy perdiendo algo pero a mi Ray no me llama.

en qué piensas dick ?

La huida de Slopthrop con la cerda

Últimas 290 páginas de EAIDG. No puedo dejar de apuntar esto, lo que ocurre en páginas anteriores cuando nuestro héroe Slothrop, disfrazado de cerdo, cruza medio bosque guiado por una chancha (de verdad ) a la que, los tiempos de guerra son difíciles, ve con lascivia, tal vez embriagado por el anochecer y el bosque de abetos.

¿ Cómo hizo nuestro amigo para huir de los soviéticos  vestido de cerdo ? fácil, se lo pidieron unos niños de una aldea para festejar no sé que fiesta en la que Thor y otros dioses germámicos asoman ( en ANTIGUAS LITERATURAS GERMÁNICAS,  Borges hace un despliegue interesante sobre este tópico ).

Desde que Slothrop vaga por los pueblos arrasados en busca de indicios de cohetes no hace otro cosa que huir. Sin embargo nunca carece de amor: quién lo salva de la policía cachiporrera aquella vez que irrumpió violenta en medio de la fiesta popular ? Una chica rubia, una núbil con la que reposa en una cama cubierta de sabanas finas y amarillas, es que en un mundo tan ingrato solo tu amada amante lo das todo por amor, como dice Roberto Carlos. Tienen ese encuentro, luego ella lo guía hasta una de las salidas del pueblo y alli se encuentra con la chancha que, entre cosas, también arriesga su vida frente a un perro.

El lemming de Ludwig

En el episodio donde Slothrop se encuentra con un niño que busca un lemming por la llanura oriental de alemania ( tiene llanuras alemania ? ), ocupada por tropas británica y soviéticas, en busca de científicos alemanes que pusieron al aire los estruendosos V2, en ese capítulo, el niño gordo enloquece porque piensa que Úrsula, su lemming,  fue producto de los cazadores de marta o de cualquier animal que ostente una piel apta para abrigo.  Ludwig, así se llama el niño, le muestra a Slothrop las fotografías que tiene de su lemming: Úrsula junto al gato, adentro del bolsillo de su saquito de uniforme de joven explorador nazi, en un campito de col, en fin, el lemming por todos lados. Al final no se sabe donde fue a parar ese bicho, lo más probable es que sea una de las tantas pieles que una niña lleva para una iglesia y el niño reconoce de lejos y corre a increparla. ¿ Y si nunca hubiera existido ?

¿ Habrá leído este capítulo Casas para escribir su versión de Los lemmings ?

Que libro extraño El arco iris de gravedad de Thomas Pynchon, editado en 1973, rechazado al Pulitzer por pornográfico, ganador del National Award por pulenta. William Gaddis, del que hace poco leí su monólogo Ágape se paga, dice que esta obra ( no lo dice él, sino su narrador ) qué dice ? lo olvidé… pero lo alaba como alaban los escritores, medio de coté.

Es verdad que los nazis tenían un comando de soldados negros ? qué en la segunda guerra la lucha era en el frente bélico pero también en el plano mágico, tolkienmente hablando, sin hobbit, elfos ni fieros pero con agentes que se excitaban cuando surcaba el cielo un cohete V2 y una erección era la señal.  qué Hugo Boss diseñó los babuchones con botas altas negras a la SS.

Es probable que durante junio del 2012 terminé de leer EAIDG y que al cerrar el libro me pregunte cuál es el tema. Tengo episodios: el de los bombardeos a Londres y la ingesta de caramelos, la orgía en el barco que surca un río en alemania ( por ahí cerca ), la huida de Slothrop por una serie de tuberías en una planta de lanzamientos de cohetes, la fiesta en la que un tipo vestido con el mismo atuendo que luce la máscara, la película,  rompe la mesa de dulces, la pelea con el cococdrilo que aparece en las costas del meditarráneo. Hay tanto delirio acá adentro que después se inventa o se recuerda, es lo mismo.

Y aunque  poco leí de V, novela del mismo autor, y leí el episodio de los caimanes en las cañerías de New York, la guerra de pandillas en esas calles nocturnas, el sabor que deja Pynchon después de leer sus páginas es inconfundible, se manda en algún lugar de la capocha que ningún otro libro ocupa. Digo pavadas pero …….

Imagen tomada de la internet.

Entrada para que no cierre

Terminé de leer el libro de Gaddis Ágape se paga, en la edición de Sexto Piso, por demás emperifollada, con dos páginas de cartulina morada previo al escrito de Fresán, el título en original y demás cuestiones técnicas. Decido escribir en este antiguo blog wordpress, que tanto quiero por la letra y  no quiero abandonar pero se hace tarde y puede que  no lo vea más por cuestiones de contrato con los usuarios que abren blogs como cuentas de correo, messenger, twitter y demás yerbas. Dije, terminé de leer el libro de Gaddis e inmediatamente me puse a escribir algo en quaderno ribadabia entonces advierto que también acá, ( en el archivo de blogspot ) hay algo sobre  Martín Kohan, Bahía Blanca, novela que me pareció genial, repleta de referencias que nunca me puse a buscar pero que sé que están ahí. Bahía Blanca es una novela de confesión. El confesor es un profesor de letras que por ser lo que es,  nombra a escritores, obras, asesinos de los libros. No está muy cuerdo que se le parezca pero se trata de una novela, no ? Esto no es una reseña. El espacio para ella la tengo en quaderno ribadabia que, antes de que me olvide, quiero cambiarle la direcctón de url porque cuando vos ingresas a él, al blog, tenes que tipear http://www.fuentemarcha.blogspot.com y nada tiene que ver con quaderno, cantrariamente a lo que pienso veo una dificultad, y si después no me veo en el espacio digital, conclusión me quedo con la vieja url.

La foto está bajada de la red.

Gorro lapón

Ella tiene un gorro lapón y lo cuida con esmero. Parece que se lo mandaron a vuelta de correo envuelto en una bolsa de plastico duro. Me llama por teléfono para que vayamos a dar un paseo por ahí, seguro que bajamos las calles del alto de la ciudad con una panorámica de fondo color violeta, de meseta fría. Es en verdad un día helado a tal punto que las cañerías colapsaron, las plantas recibieron una paliza tal que sus hojas están yertas y moradas, el color del frio a veces es blanco y otras morado pienso. Tomo el colectivo es una esquina donde se formó un charco congelado, por debajo de la capa de hielo se ve un líquido marrón parecido al té con leche. En el mp3 el led de las pilas comenzó a titilar. Otra vez sin música en el bondi. Bajo en la parada cerca del hospital. Voy a la busca de los departamentos. Antes de llegar a su puerta recibo un sms, la sorprendo con tres timbrazos. Cuando ella abre la puerta veo su gorro lapón. Hay olor a tostadas y una taza humea en la mesa del living. Pido un café. Ella le pone tres cucharas de crema con mucha esencia de vainilla. No menciona en ningún momento al gorro. A mi me parece que los colores son apropiados. Veo su material y recuerdo una matra que mi abuela se colocaba en las piernas cuando tejía con agujas. Adentro de la mochila traje los libros que le había prometido. Todos tienen la tapa blanda y ninguno se distingue de otro por la pinta. Ignoro qué tiempo meterá para leerlos pero le aviso que dentro de un mes paso por ellos sin excusa. Mientras me paro delante de su biblioteca de caña y para ver algunos títulos tengo que correr algunas baratijas: duentes con cazo y algún que otro ser mágico hecho en porcelana fría pintados con esmaltes chillones, un reloj de sol con tapa, una canastita con tres monedas de colección, una imitación de papiro quemado. No me olvido del café pero cinco minutos son suficientes para se que enfríe. Hace tiempo que no puebo manteca una comezón por todo el cuerpo me invade ni bien mi lengua repasa la viscosidad. Ella se va a la pieza y vuelve con el abrigo puesto. Era como me lo había imaginado. De frente la barda y el viento gélido. Al llegar a una esquina vemos que una mujer tiene un gorro parecido al de Irene, dice, puede que lo haya comprado en el mismo sitio que yo? No metemos en un café

El cerezo y el pájaro

El árbol de cerezo tiene un tronco todavía joven, calculo que unos 13 cm de diámetro o un poquito más. Resulta que hace tres veranos que se instala en el parque a su anchura y comodidad pero a la hora de los postres, literalmente, no da frutos y si alguna vez los dio no calculó que los pájaros también comen. De manera que me cansó porque a decir verdad es un árbol que quita fuerza e ímpetu a sus vecinos, imagínense, si los árboles compiten porque los hombres deberían ser comprensivos, racionales y bla bla. Tomada la decisión comprobé que no tenía herramienta alguna para llevar a cabo la misión.

Subo al entre piso de la casa. Un proyecto abandonado que retomaré con el tiempo. Dije, subí al entre piso y lo único que encontré para tirar el árbol abajo fue un cincel de grabado.Es bochornoso no tener herramientas. Decidido me fui hasta la ferretería del la esquina, a unas 10 cuadras de casa, y conseguí el asesoramiento de una señorita achinada de buenas formas que me recomendó uns sierrita de dientes molestos para cualquier ser vivo. Al finalizar la operación comercial la chica me preguntó si quería que envolviera la sierrita en una bolsa, le dije que si, ya que usualmente, sin nada en la mano, las mujeres se asustan cuando me ven en la calle imaginé que si me veían con una sierrita amarilla de hoja dientuda correrían en dirección opuesta llamando a la policía. El temor a ser asesinadas en la calle por un hombre de aspecto aindiado, es decir yo, a aumentado exponencialmente en la última década.

Recorro las calles a las cinco de la tarde. El sol del invierno es cálido y el cielo se presta para crear canciones tribales. Recorro, tal vez, seis cuadras más, para tomar aire y reconfortarme con el paisaje, el aire y la vida.

Llego a casa. Lo primero que intento es sacar de la sierra la hoja negra que viene sujeta a una más grande pero los tornillos philips son berretas, en un abrir y cerrar de ojos se desdibuja la cabeza. Con decisión encaro a lo que es el cerezo en sí, un tronco, tres ganchos medianos con sus respectivas ramas. Bajo sin dificultad los ganchos no pasa lo mismo con el tronco madre, tarde tres días a que este caiga por su propio peso no sin antes haberle propinado al tronco varias heridas letales que sin embargo no lo tumbaban. Cómo lo hice ? Compré un hacha de mano, mediana, con mango de goma que me sacaron dos ampollitas de agua en la palma de la mano derecha. Fue así: me arrodillé ante el tronco, me dije si trabajo con ahínco puedo socavar a la pálida corteza que se presentaba inofensiva y endeble. Pudo caer tras los cortes laterales de mi flamante herramienta.

Si hubo un trato con esta planta hay un pájaro que me pide explicaciones. Ni me puse manos a la obra con las ramas repleta de bifurcaciones un pajarito con jopo y pecho amarillo comenzño a increparme o por lo menos llamarme la atención ante su presencia ruidosa de piar enloquecido. Volaba de lado a lado, del techo de la parrilla a la medianera, volvía con vuelo razante al punto unicial, lanzaba un chillido y así, en un ritual que sólo los pájaros pueden trazar con verdadero poder comunicativo. Hoy por la tarde no estuvo presente. Estimo que sabía que su llamado de atención no dio resultado y la caída inminente del cerezo era ya un hecho. Adiós pajarito ecológico. Quize explicarle que la tala no era un capricho sino un reordenamiento de los seres vivos de mi jardín.

Me siento reconfortado a pesar de haber acabado con una vida.  Soy una suerte de exterminador.

Un archivo de cd

En el fondo de una bolsa de tela encuentro un cd embutido en un plástico protector. El plástico, apogeo y caída del reino taper ware, ve sus días finales en la segunda década del siglo XXI. Giro el disco para hallarle un indicador  de contenido. No tiene remedio hay que hacer un examen directo. Busco la portatil, pongo el disco en la ranura y aparecen los archivos coloreados de amarillo. Son fotografías del verano anterior. Acantilados mordidos por el viento y las patas de los loros barranqueros, si, eso bichos dejan a la miseria las paredes de arenisca, minan de huecos esa masa compacta pero débil a la constancia. No recuerdo quién tomo las fotografías, somos una familia aficionada a la cámara y la sony digital nos abrió un horizonte de posibilidades en lo que respecta al rollo. Sin embargo no hay argumento válido que sirva para convencer a Tina, que ama las reflex y no la cambia por ninguna, siempre ella, cámara al cuello, pendiendo de una tira que dice Pentax. Ella si que  es técnica para la toma,  achina un ojo, apoya la base de la cámara en la palma de la mano , el clic automático es todo un tema para cabeza ladeada como le dice Pliger: Cabeza ladeada ser fotógrafa profesional y no quitar el alma a las gentes. Ahora me vino una gran curiosidad por conocer las fotos de Tina, quizá nisiquiera reveló el rollo. Mientras sigo el ritmo del programa de la portatil que las pasa cada dos segundos, calculo, me detengo en unas, una rueda de mate. Ese día el viento de mar adentro levantó  una cortina de arena que picaba la piel, llenaba de piedritas la boca y ojos, tuvimos que asegurar la tienda con estacas de profundidad y gracias a los conocimientos de Silvio, llevamos música de su coche hasta la reunión. Tengo presente el par de fotos que tomé porque el mate calabaza con apliques de plata tenía espuma y lo resalté con una copla. Pliger acababa de competir en el río sus quinientos metros libre y no se quitaba la gorra de silicona, mamá no paraba de reir y le había dado una puntada debajo del higado. Las bolsas de roscas con azucar rezumaban la grasa de los calderos. En los archivos del cd también había dos temas de Lee ann wormack y un jpg de la tapa del disco. Cuando presioné sobre The last time el winamp abrió su conocido rayo amarillo y aguzé el oído para percatarme desde mi duro inglés del sur de américa del sur. Quité el cd de la portatil, escribí con una sharpie azul fotos de la playa año 20–

En el taller del pintor

Con la publicación del diario íntimo del pintor la chica temió por su reputación: la suerte y la almohada, a la hora de dormir, cuando caen las fichas le explicaron que no le había dicho su nombre verdadero y por lo tanto ya podrán imaginar . Ella nunca se había quitado ninguna prenda delante de un tipo desconocido pero la mirada neutra del hombre barbado, casi insignificante que se erigía junto al caballete no la intimidó. La manera de asir el pincel, la carbonilla, la paleta, todo lo visiblimente mecánico lo convertía en un tipo simple, sin magnetismo.

de fffound

Ella miraba sus cuadros apoyados contra la pared de ladrillos húmedos, los burletes de artefactos de los años 6o, cajas con cartuchos de azafrán de amarillo taxi, una alacena descascarada . Hoy vamos a hacer una de torso desnudo le había dicho él, ni bien ella cruzó el portal de vitro, vamos a buscar la manera que resalte lo que nadie sabe que tiene, había dicho el pintor que, por su aspecto, recién se había levantado tenía un termo de metal bajo un brazo y el mate en la mano derecha, le cebó un mate espumoso y caliente, que buenos mates se preparaban en Rayuela pensó ella. El taller en invierno era una suerte de patio abandonado con techo. Caminó por el desorden que la había acostumbrado: un trozo de media-sombra verde con mucho polvo y hojas de plátano, la cabeza de un maniquí calvo femenino. El pintor le dijo que lo que había visto en el camino hasta la habitación era el material para una obra que le habían pedido: buena plata. El trato cotidiano con las personas normaliza los rostros, el defecto de la espalda encorvada se compensa con la ocurrencia de las palabras, la boca demasiada pequeña adornada con un bigote ralo se pierde con el movimiento grácil de una cabeza-gesto que indica cualquier cosa. Sin embargo el detalle del cuello no lo había sabido suplantar por una cualidad y cuando el pintor hablaba veia pliegues de incipiente papada aun tersos pero a los que no le faltaba mucho para hincharse como un sapo. Borró la imagen. El mechero atendía una aureola de fuego anaranjado: el oxigeno apropiado. La luz del otoño es pálida y resulta molesta a los ojos. Esa expresión es oriental dijo el pintor que se quitaba el rompeviento de fibras sintéticas y lo colgaba de una punta que sobresalía de la pared. Ella miró el espacio, el piso de madera, la mesa de hierro, qué hago. Sentate en esa silla le dijo. Estaba junto a la pared, tenía el respaldo alto y curvo. Ayer vino el marchant por la obra del elefante, le comentó el pintor que buscaba algo dentro de una caja de madera compartimentada, quizá el único orden pensó ella. Me consiguió comprador, un turco. Y ahora ? dijo ella. Buscá la posición más cómoda. Ella  cruzó las piernas…..